En el majestuoso Rose Bowl de Pasadena, con más de 80 mil espectadores bajo el sol californiano, el Atlético de Madrid vivió una pesadilla en su debut en el renovado Mundial de Clubes. Lo que debía ser una prueba de carácter terminó siendo una exhibición de poder por parte del Paris Saint-Germain, que aplastó por 4‑0 a un conjunto colchonero desdibujado, superado en táctica, intensidad y mentalidad.
Desde el inicio, el PSG tomó el control del partido. Compacto en defensa y letal en transición, los parisinos encontraron su premio temprano: al minuto 19, Fabián Ruiz rompió líneas y soltó un zurdazo desde fuera del área que se clavó cerca del ángulo. Oblak solo pudo observar cómo la pelota se colaba junto al poste.
El Atlético reaccionó, pero su propuesta ofensiva era imprecisa, frágil. Ni Morata ni Sorloth lograban conectar con De Paul ni Barrios. Y cuando parecía que se irían al descanso con vida, llegó el segundo golpe: una pérdida en medio campo desató un contraataque eléctrico que Vitinha culminó con sangre fría en el minuto 45+1. Dos a cero, y un equipo madrileño ya tocado moralmente.
El segundo tiempo arrancó con cambios. Simeone mandó a Koke, Ángel Correa y Julián Álvarez, intentando recuperar el alma del equipo. Por momentos lo logró. El Atlético pisó más el área rival, generó una ocasión clara en los pies de Sorloth (quien falló a puerta vacía) y le anularon un gol a Julián por falta previa.
Pero la esperanza fue fugaz.
En el minuto 78, Clément Lenglet, que ya tenía amarilla, cometió una falta torpe en campo rival. Segunda amonestación y expulsión. El Atlético, además de frustrado, se quedó con diez hombres.
Ahí el PSG olió sangre.
Senny Mayulu, joven talento de la cantera parisina, aprovechó un error defensivo de Azpilicueta y puso el tercero con un toque sutil al 86’. Y ya en el descuento, un penal por mano de Le Normand fue transformado con categoría por Lee Kang-in para sellar el 4-0 definitivo al 90+6.
Los jugadores del Atlético, cabizbajos, abandonaron el campo sin apenas cruzar palabras. El rostro de Diego Simeone, serio, tenso, lo decía todo. No fue solo una derrota: fue una llamada de atención.
Mientras tanto, el PSG sonríe. No solo ganó: dominó. Sin Mbappé, sin estrellas mediáticas de antes, pero con un bloque sólido y una idea clara, los franceses mandaron un mensaje al torneo: han llegado para ser campeones.

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